Llevo dos días con neumonía y me duele hasta el alma cada vez que toso. Y qué. Sigo siendo feliz.
En fin. A lo que iba:
Había quedado con mi hermana en tu lonja, aunque no tenía ni idea de si iba a haber alguien.
Y como no.
Estas tú.
Dime que no es causalidad que justo cuando voy a entrar por la puerta salgas tú.
Y dime que tampoco lo es el hecho de que no haya nadie más.
Ni el hecho de que al final mi hermana no puede venir pero tu tienes que seguir aquí esperando a uno de tus amigos.
Conmigo.
Casualidades, sí.
Pero las nuestras ya te digo yo que no son eso, porque
tú
eres
mi causa.
Me haces reír una y otra vez, como siempre, y te juro que desearía estar bien para poder reírme a pleno pulmón y no tener que estar aquí tosiendo cada dos por tres.
Me duele tanto el pecho.
+¿Me puedes llevar a casa? Que me duele muchísimo y así no puedo conducir.
-¿Y luego yo que hago?
+Te dejo mi coche y te lo llevas a tu casa. Por favor, por favor, por favor.
Y esa carita de pena que siempre te hace entrar en razón.
-Pfff... vale. Así ya tienes excusa para venir a la tarde.
Y esa sonrisa increible.
+Las excusas las necesito para estar contigo, no para venir a la lonja.
-Touché.
Y me acabo de derretir.
Ah espera que vuelve la tos y me despierta.
Al de un rato viene tu amigo y por fín me llevas a casa.
Y no se de que hablamos, pero se que no paro de mirar tus ojos y de cantarte todo el disco de fito. Y sé que sabes que te lo estoy cantando a tí
Y
Joder.
Quiero besarte.
+Quiero besarte.
-Que no puedes...
+Ya, pero quiero besarte.
Mejor deja de sonreír que no se cuanto tiempo más voy a poder contenerme. Que estas conduciendo y no quiero tener un accidente.
-¿Y ayer no te pusieron multa?
Tú como siempre preguntándome tonterías para que no hay silencios incómodos. Me encantas.
Sobre todo cuando se te va la olla y apagas la tele y me dices: vamos a disfrutar del silencio. Y nos quedamos callados durante minutos, escuchando la respiración, los suspiros y cada movimiento del otro. Y es precioso.
Eres precioso.
+No, nunca me han puesto multa todavía.
-Joder es que tienes una suerte para esas cosas..
Miro por la ventana y suspiro.
+Ya pero yo no quiero tener buena suerte para esas cosas, a mi esas cosas me dan igual, yo quiero tener buena suerte para otras.
Y entonces giro la cabeza y te echo la mejor de mis sonrisas.
Y tú, como no, haces exactamente lo mismo.
Y creo que ya me he corrido.
Pues eso:
Sexta bala directa al corazón.
Tu y tu forma de mirar y tu forma de sonreír y tu forma de hablar y tu forma de ser y tu forma de enfadarse y tu forma de sacarme de quicio y tu risa. Sobre todo tu risa.
Que te quiero.
Y creo que no me queda nada más que decir.
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