El ser humano tiene una tendencia extraña a creer que le falta algo; siempre nos falta algo. Desde niños crecemos creyendo que tenemos que encontrar a nuestra "media naranja", nuestro "amor verdadero".
Vamos creciendo y nos vamos aferrando tanto a personas como a lugares, momentos u objetos que nos recuerdan quiénes somos, cómo somo y qué es lo que queremos.Acabamos dependiendo de muchas de esas cosas casi inconscientemente, sin darnos cuenta de que lo único verdaderamente imprescindible somos nosotros mismos. Nos aferrarnos tanto a lo material, como a las personas, como hasta a los propios personajes inconscientes que desarrollamos durante nuestra vida, escondidos detrás de nuestras protecciones, negación y un estilo de vida adictivo que debemos dejar ir.
Una vez una amiga me dijo: "¿No te das cuenta de que cuantos más boletos de lotería compras más boletos de lotería acumulas para la pérdida?"
Me reí en su cara porque pensé; "Como me toque les voy a dar las gracias A todos esos boletos perdidos". Pero eso no era lo realmente importante, sino el hecho de que inconscientemente mis posesiones me estaban poseyendo. Que ironía, la vida.
Lo más duro de esta dependencia, a mi parecer, es que es muy complicado llegar a esa aceptación y confianza en la vida cuando esa dependencia a surgido a raíz de un duelo. Con esto quiero recalcar que la muerte y el duelo están mal vistos de cara a la sociedad en la que vivimos, y es por ese hecho que no estamos preparados para decir adiós a algo o a alguien definitivamente. Es decir, todos somos conscientes de que no hay nada para siempre, pero no podemos evitar refugiarnos en nuestra manera de insensibilidad emocional.
Aún así, casi todo ser humano pasa por las cinco etapas del duelo a la hora de superarlo:negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Coméncemos; la primera fase es cuando en tierras a la persona, lloras y te despides de ella, pero pasado un tiempo ya nadie te pregunta cómo estás porque todo el mundo se ha olvidado, incluso a veces tú mismo, porque la tendencia del ser humano es olvidarnos de las cosas que nos crean dolor.
Hace seis años falleció mi abuela y hace sólo dos mi madre, por lo tanto he experimentado en primera persona el duelo con toda su crudeza.
Esta vivencia ha conseguido que me de cuenta de que muchas veces despides a la persona una y otra vez, pero al de seis meses, te pregunta alguien cómo estas y te rompes. Digamos que vivimos sabiendo lo que ha pasado pero sin sentirlo. Con esto no me refiero a que no seamos conscientes de que la persona ha muerto, sino de que no podemos comprender la realidad.
Después viene la ira, dónde nos preguntamos ¿Por qué ha pasado? Algunos se enfadan con la vida, otros con Dios, con la persona que nos ha dejado o incluso con nosotros mismos. Una vez expulsamos esa ira, llega la negociación o el pacto, dónde nos preguntamos ¿Y si no hubiera pasado? pensamos en lo que deberíamos o podríamos haber hecho.
Otra de las sensaciones que podemos sentir es depresión , cuando Carlos en el dolor más profundo y nos sentimos vacíos,redescubriendonos a nosotros mismos y recolocando nuestros sentimientos hacia la realidad, a pesar de que muchas veces, no lo creímos posible. Finalmente llega la aceptación , aprendemos a vivir con la pérdida, a pesar de que muchas veces no lo creímos posible.
En cuanto a esto último, hay muchas personas que acaban cambiando en cuanto a sus creencias, cuando llegan a este momento gente que creía deja de creer y gente que no lo hacía empieza. En mi caso, dejé de tener fe en la vida durante el duelo, pero volví a tenerla cuando llegué a aceptarlo.
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